sábado, 31 de agosto de 2013

Independencia

En los últimos seis años he tenido la oportunidad de visitar diferentes países/regiones que o bien quieren la independencia del resto o bien albergan a algún subconjunto descontento que solo piensa en ello. Los países/regiones y un pequeño resumen son:


  • Bélgica: Flamencos Vs Valones. Aproximadamente el 60% de la población es flamenca contra un 35-40% de valones. Como una de las dos etnias es mayoría, los gobiernos (cuando tienen) suelen ser pro-flamencos y pro-independencia. Antes de visitar Bélgica pensaba que España tenía problemas "serios" de independencia. Tras visitarla supe que no eran sino "bromas" comparados con los belgas.
  • España: Nacionalistas catalanes y vascos. Poco hay que añadir.
  • Eslovaquia: Minoría húngara que desea la independencia con la ayuda de los húngaros nacionalistas en Hungría. Según parece, el sentimiento es especialmente exacerbado entre la mayoría de eslovacos (mi experiencia allí lo confirmaría) y esa minoría húngara apoyada por los húngaros nacionalistas.
  • Reino Unido: Escocia. En 2014 se cumplen 700 años de la Batalla de BannockBurn desencadenante de la independencia de Escocia. Además, se celebran los Juegos de la CommonWealth en Glasgow por lo que es el mejor momento, desde un punto de vista nacionalista, para convocar un referéndum.  
Me centraré en este último caso e intentaré sacar alguna conclusión general, conclusión que definitivamente no va a ser muy pronacionalista dado mi historial. En concreto, mi experiencia en Escocia hace pocos días incluyó un viaje con un guía, muy simpático como la mayoría de guías (o no se dedicarían a ello). El guía detalló varios de los episodios históricos que han sido convenientemente retratados en el cine, Rob Roy, William Wallace ... nos llevó a una "posada encantada" y hasta nos argumentó convincentemente a la par que irónicamente cómo Nessy existe porque el primero en verlo acabó convertido en santo y Dios no permitiría que entrara en el Reino de los Cielos un mentiroso. 

En ningún momento había pronunciado sus preferencias sobre el Referéndum del año próximo. De hecho, yo estaba por preguntarle pues hasta entonces había sido perfectamente ambiguo sin dejar traslucir ninguna emoción particular pero no fue necesario. Llegando al final del recorrido, comentó sin ningún tipo de equívoco que si las urnas abren el año próximo a las 7 de la mañana, él estará a las 7 y 5 para votar que sí. Tras ese reconocimiento, yo me abstuve de comentar nada, en particular de comentar mi predisposición por un rotundo fracaso del referéndum, debido a lo que yo me sentiría inclinado a explicar como un simple ataque de sensatez. Claro que la sensatez nunca ha sido del todo compatible con los sentimientos. 

Solamente un ejemplo, el hecho de que la Unión Europea ya haya declarado que Escocia (o Cataluña que se mira en el no del todo equivalente espejo escocés) tras dejar la libra, no podría incorporarse al Euro no es o no quiere ser entendido por esos sentimientos. 

Y ahora mis conclusiones, conclusiones preconcebidas, vuelvo a reconocer:

  1. El espíritu de independencia es fundamentalmente un espíritu egoísta. Mi amigo escocés decía que quería la independencia porque pensaban que podían hacerlo mejor por separado que bajo la "tutela" inglesa. Por otro lado, el hecho de que la mayoría sean egoístas, no quiere decir que no sean razones e incluso que no hayan sufrido atropellos pasados o recientes. 
  2. La "solución" independentista no conviene a nadie. Si algo ha demostrado la evolución es que desde los simples organismos unicelulares hasta la más compleja sociedad humana, todo funciona mejor cuando la gente se une ... y añadiría que cuando se une naturalmente. Una dictadura, por ejemplo, puede hacer que ciertas cosas funcionen mejor temporalmente incluso con una falsa sensación de unidad pero al final está abocada al desastre a no ser que desemboque en una natural como fue el caso del nuestra transición democrática.
  3. Al punto anterior se le podría achacar que hay también secesiones pacíficas como la checa y la eslovaca, hasta cierto punto la rusa y no sé si alguna zona balcánica. Imagino que sí, que sobre todo el caso checo y eslovaco puede dar esperanzas a todos esos casos. Sin embargo, creo que la gran diferencia estriba primero en que no tengo del todo claro en qué ha ayudado la separación a ambos países y segundo en que estamos en un momento en el que se está produciendo (o debería) una unión europea más allá de una simple unión fría al estilo de los bancos.
  4. Por no extenderme más, a quien quiera la independencia solo puedo decirle que yo quisiera la eliminación ordenada de fronteras y nacionalidades en vez de la creación, sobre todo si es desordenada, de nuevas. Europa es la solución, no el problema, que dicen que decía Ortega y Gasset.
Un saludo, Domingo.

sábado, 17 de agosto de 2013

París 20 años después

Brevemente, ha sido un tanto decepcionante, no puedo negarlo. Aunque es cierto que hace ya 20 años que fui, lo vi con ojos de estudiante que no había visto mucho más y fueron solo dos o tres días, en mi memoria quedaron grabados el reloj del Museo Madamme D'orseau, El exterior de la catedral de Notre Dame, La Defense, algunos momentos en la Torre Eiffel y, sobre todo, el Sacre Coeur.

20 años después, mi impresión es que París no es tan caro como dicen. Centrándonos fundamentalmente en la comida, es caro sobre todo para beber, para beber lo que sea. En cualquier restaurante, el agua o el refresco de turno no bajan de los cuatro euros. Así pues, en una factura de 30 euros, posiblemente 8 son de bebida. Quitando la bebida, la comida me resulta solo ligeramente más cara que aquí. Roma sí que me resultó cara, la verdad.

Siguiendo con la comida, esto ha sido posiblemente lo que más me ha gustado del viaje. Igual que aquí hay treinta bares por metro cuadrado, allí hay restaurantes. En los días que estuvimos allí creo recordar que hemos probado la comida italiana, francesa, hindú, portuguesa, turca, los bocadillos (las baguettes) y la comida tailandesa si no recuerdo mal. Eso sin buscar mucho pues la mayoría tenía sus representantes junto al hotel.

Descendiendo en la escala, en el segundo puesto, el Sacre Coeur. Me gustó mucho ver que recordaba bien algunos detalles como los pintores haciendo caricaturas, las escaleras y demás. Me gustó mucho menos entrar y ver que es posiblemente la iglesia más mercantilizada que jamás haya visto. No cobraban una tarifa para entrar como podía pasar por ejemplo con la Sagrada Familia, ni tampoco para acceder a alguna zona en especial como en Saint Paul en Londres o el Vaticano. Sin embargo, toda la iglesia estaba llena de máquinas para encender velitas con una donación sugerida que rondaba los 10 euros y que la convertían en lo más parecido a una iglesia-casino que pueda concebir. A eso podemos añadir alguna foto con el próximo santo Juan Pablo II que me recordaba también a las colas del Vaticano para ver las tumbas papales. A pesar de ello, le sigo dando la segunda mejor nota del viaje.

En tercer lugar pondría a Notre Dame aunque tras ver iglesias y catedrales por toda Europa debo confesar que no me impresionó tanto. Ex-aequo, diría que La Defense, que ha evolucionado muchísimo en estos 20 años pero que también ha aguantado bien la comparación con el recuerdo.

En cuarto lugar diría que la Torre Eiffel y sus colas, de hecho ni subimos. Supongo que influyó mucho el hecho de que yo ya hubiera estado pero desde luego no quedaban muchas ganas de pasar varias horas en cola para subir. A eso debemos añadir el hecho de que, un par de semanas antes, fuera imposible sacar por internet entradas para subir.

Y por último, la ciudad en sí. En realidad es una comparación injusta porque no recordaba nada (al menos no mucho) de la ciudad en sí, ni entonces tenía una opinión formada (ni prejuicios) ni conocía el idioma. En cuanto al idioma, aunque de forma no fluida pero sí que me dio para que el idioma fuera algo a recordar en contra así que muy bien. Con respecto a la ciudad, hace tiempo que me declaré enamorado de las ciudades pequeñas que conservan su esencia. Eso prácticamente descarta cualquier gran ciudad y París lo es. Excesivamente grande a mi juicio. Los monumentos muy separados los unos de los otros (el sistema de metro muy bueno, eso sí, no podía ser de otra forma). Veinte años después, París me merece una opinión similar a Roma. Es una ciudad a la que hay que ir. Es una ciudad a la que hay que ir una vez y solo una vez. ¿Volver?. Algún día me gustaría volver a Dublín o Bratislava pero a París o Roma la verdad es que no, salvo que fuera por otros motivos distintos del turismo tal como lo practico ahora, claro está.

Un saludo, Domingo.

¡Vaya marrón!

Málaga, algún momento de otoño o invierno de algún año de la década de los 90, sobre las 7 y media de la tarde:
Mi padre conducía, eso es seguro. Creo además que iban mi madre y mi hermano. Quizás también mi abuela. Es posible que fuéramos a visitar a alguien. Yo miraba por la ventanilla del coche (¿el Seat 131 Supermirafiori, el Renault 21 ranchera?) y me fijaba en el campo. Había hierba o quizás no era hierba sino hierbajos, pero eran verdes. Pensé en la fama de seca que tiene mi tierra. Quizás recordé los verdores del viaje de fin de estudios del año 89 allá por Galicia. Ciertamente Málaga no sería La Coruña, pero también podía mostrar algo de verde cuando se lo proponía ... el tiempo.

Viena-Bratislava, algún lunes del verano de 2009, sobre la 1 de la tarde:
Conducía "mi chófer". Perdón, conducía el chófer del taxi, ingeniería alemana en su interior, que me había recogido en el aeropuerto de Viena con la intención de llevarme a Bratislava. Yo leía intermitentemente (bondades de la biodramina) y también intermitentemente veía generadores de energía eólica, molinos de viento para entendernos y campo, mucho y verde campo. Nada que ver con el que hubiera podido ver el fin de semana anterior en el que el guerrero reposaba en Málaga. Ciertamente Málaga málaga podía mostrar algo de verde cuando se lo proponía, pero desde luego en verano es particularmente difícil. Inútil la comparación ya sea con La Coruña, con Viena o con Bratislava.

Málaga, 14 ó 15 de agosto de 2013, sobre las 7 y media de la tarde:
Iba conduciendo de vuelta a casa mi coche de marca japonesa cuando, desde la autovía, divisé el campo quemado inclementemente por el sol de junio, julio y agosto. Evidentemente no hice una foto pero debía parecerse a estas que he encontrado en internet buscando "Campo en verano"
http://palomatorrijos.blogspot.com.es/2012/07/verano-loranca-del-campo-cuenca.html

A nadie se le escapará que se trata de Cuenca que no es exactamente Málaga pero yo creo que para hacernos una idea puede bastar. Curiosamente paso por ahí cada día y siempre veo el campo, imposible no verlo. La única diferencia es que esta vez me fijé. O eso o esta vez la combinación de tonalidades acres era especialmente arrebatadora. Elíjase la versión que se prefiera pero la innegable conclusión es que estoy escribiendo sobre ello.

La memoria es una compañera de la que hay que desconfiar pero si tuviera que hacerlo con la mía diría que en primera instancia había campo descuidado, matorrales a los que las lluvias dieron vida y a los que el sol se la quitó. Algo más alejado podía haber campo algo más cuidado, matorrales a los que las lluvias dieron vida y a los que una máquina concebida a tal efecto había cercenado facilitando así la labor del sol a la vez que procurando una visión mucho más ordenada. Por último, al fondo, algo de verde. Quizás algún regadío, quizás algún árbol, quizás ambos, procurando un contraste parecido al que se puede encontrar en platos compuestos con alimentos salidos de ese "algo de verde". El rojo del tomate, el verde de la lechuga, el verdiblanco del pepino o hasta el amarillo del maíz. Y digo solo parecido porque en este caso la variedad era solo bicromática, marrón y verde, más marrón que verde pero con el verde sobresaliendo sobre el marrón cuando se miraba a los dos a la vez.

Ciertamente esa imagen no pudo sino evocar en mí recuerdos de otros verdes, verdes que impresionaron mi retina hace unos veinte y cuatro años respectivamente. ¡Vaya marrón! .... y ¡vaya verde!

Un saludo, Domingo.

sábado, 10 de agosto de 2013

Vuelta al trabajo

Hoy, minientrada evaluadora de las dos últimas semanas y es que, no hoy, claro está, pero la vuelta al trabajo sí que es inminente. Han sido un par de semanas para ver que me puedo desenvolver si viajo a Francia pero también para ver que lo que más me gusta de Francia está todavía por descubrir. Además de eso, he tenido la posibilidad de descansar, desconectar no demasiado pero probablemente sí lo suficiente y con tiempo hasta para no hacer nada. A eso hay que unir el descanso del fútbol de los jueves y de la tarde de los sábados, ahora libre de rimas. Hoy me ha dado tiempo hasta de echarme una siesta :-). Veremos qué pasa el lunes pero todo hace indicar que tras dos o tres días en los que no habrá tiempo casi ni para respirar, después puede (espero) que todo se tranquilice.

Un saludo, Domingo.

sábado, 3 de agosto de 2013

10 meses y rimas para 217 personas después

Bueno, misión cumplida. 10 meses y rimas para 217 personas después este es el resultado:
http://rimamedemi.blogspot.com.es/

La verdad es que siento una cierta mezcla de sentimientos. Por un lado el de la labor hecha, si no bien hecha. Por otro lado, una cierta pena porque mi idea inicial es que fuera un proyecto colaborativo pero el resultado final es que ha sido un proyecto meramente personal. Imagino que realmente hubiera preferido contar con la colaboración de los interesados que, excepto por algún caso aislado, cabría calificar como rozando lo decepcionante. Sin embargo, como hay que hacer de la necesidad virtud, el proyecto me ha servido para ponerme a prueba en diferentes aspectos y salir airoso en algunos de ellos. En otros la verdad es que no me considero capacitado para valorar si he salido airoso o no y los dejaremos a un lado.

Ahora, además de disfrutar las vacaciones, a decidir qué hacer con ese material. Una de las posibilidades es autopublicar un libro bien en formato físico: http://www.lulu.com/ o bien en formato digital https://kdp.amazon.com/self-publishing/signin. Con ello iríamos avanzando: plantar un bonsái, tener un perro, autopublicar un libro. Si ha de llegar, todo llegará.

Un saludo, Domingo.

sábado, 27 de julio de 2013

De vacaciones ... un año después

Hace algo más de un año estaba también de vacaciones. Eso era prácticamente lo único cierto que sabía. No sabía qué me depararía el futuro y no es solo que no lo supiera, es que el futuro que hubiera imaginado para un años después era radicalmente diferente al presente ... y por muchos motivos. Uno de ellos era que la empresa en la que me hubiera gustado entrar estaba echando el cierre. Por suerte ... bueno, en realidad no fue la suerte, fue gracias al trabajo de los que ahora son mis compañeros, eso no sucedió.

Ahora, un año y escasos diez días después de mi primer y último despido (esperemos que el segundo tarde en llegar), me encuentro en un entorno laboral envidiable donde son muchas más las cosas buenas que las malas. Siendo además una de las malas que el cuidado que se profesa a los empleados dificulta ligeramente esa eterna batalla contra la báscula. Y es que voy a tener que ponerme a dieta antes de que los 3-4 kilos de más que he cogido tengan su impacto en las rodillas :-).

Por lo demás, ciertamente y como en todos lados, hay cosas que se podrían mejorar. Sin embargo, yo me tengo prohibido a mí mismo quejarme de nada al menos durante los próximos dos o tres años y es que no puedo sino estar agradecido a los compañeros que pensaron que podría hacerlo bien, a los que basándose en este criterio me contrataron y luego a todos aquellos con los que comparto ambiente de trabajo desde principios de enero.

Y bueno, ahora en las vacaciones a descansar, a hacer turismo y a terminar las cuatro rimas bien contadas que me quedan. Eso merecerá un comentario, probablemente más extenso que este.

Un saludo, Domingo.

sábado, 13 de julio de 2013

Semana complicada pero feliz como una perdiz

Aproximadamente un mes después de entrar a trabajar tuve que pasar una semana prácticamente toda de reuniones. Al finalizar la semana pregunté ... ¿por las reuniones también pagan, no?. La respuesta fue que sí pero no solo eso sino que mi trabajo era muy ... como lo diría ... propenso a ellas. Pues bien, esta semana han coincidido en el tiempo dos situaciones gracias a las cuales cuando mi mujer me preguntaba qué tal el día, bastaba con mostrar el calendario lleno a reventar, incluyendo horas con varias reuniones coincidentes (aunque en muchos casos era la misma pero enviada por diferentes personas, también es cierto).

Por lo demás, la verdad es que estoy empezando a echar algo de menos escribir en el blog y a echar algo de más las rimas. Son ya más de 200 y en teoría hoy habría acabado. Sin embargo, no es así. Al final he decidido incluir "material" para otra docena de personas por lo que todavía van a quedar dos o tres semanas ... si no más. Dependiendo de cuántas haga y por dónde caigan las vacaciones.

Tampoco me importa, quien hace 204 hace 216 (o las que sean). Aunque reconozco que hace un par de semanas sí que me atraía el hecho de acabar sobre el 17 de julio (o mejor dicho el 18, primer día tras la ruptura unilateral de la relación contractual), fecha en que se cumplirá el año del acontecimiento que dio lugar a la siguiente entrada. Y es que, hay que ver lo que nos gustan los números redondos. Como si eso fuera a significar algo, no digo ya dentro de veinte o treinta años sino simplemente el mes que viene.

Pero bueno, proyectos personales y semanas complicadas (o quizás solo complejas) aparte, la verdad es que no puedo quejarme. Me preguntaban hace no mucho cómo hacía para levantarme por la mañana y continuar con el día a día, en qué pensaba para en cierta forma animarme. Contesté en que más bien debía pensar en qué me debía desanimar. Bien la salud (aunque he cogido un par de kilos que debería soltar pronto si no quiero volver a tener problemas de rodillas), bien el matrimonio, contento en el trabajo por mucho que la mayoría de las veces sea un sin parar ... la única excepción podría ser la salud de mi abuela, la salud mental para ser más concretos, amén de las situaciones laborales de otros miembros de mi familia. Pero egoístamente, lo que es desde un punto de vista meramente egoísta, sería un delito quejarme.

Hombre, si acaso, estarían esas peticiones extemporáneas de los familiares para que actúe de informático de cabecera como imagino que le pasará a médicos, mecánicos, electricistas y cualquier hijo de vecino. Pero yo soy paciente y como suelen ser cosas muy esporádicas, tampoco lo llevo mal. Por ir bien, hasta he conseguido prácticamente configurar este Fedora desde el que escribo y rootear el móvil para quitarle todas las útiles aplicaciones que no utilizo y que Sony no me dejaba desinstalar. Ahora, como no uso redes móviles y mi uso de la wifi con el móvil es mínimo, la batería me dura más de una semana ... como el antiguo nokia :-D.

Un saludo, Domingo.

sábado, 15 de junio de 2013

Mucha suerte

No es la primera vez que reconozco tener mucha suerte. Suerte por vivir en un espacio, el llamado primer mundo, cuando solo con haber nacido a unos cuantos kilómetros más al sur mi vida podría haber sido muy diferente. Suerte por vivir en un tiempo que es muy diferente, muy diferente al tiempo que vivieron mis padres, muy muy diferente al tiempo que vivieron mis abuelos y parecido como un huevo a una castaña al tiempo que vivieron mis tátara tátara o tátara tátara tátara ...

Sin embargo, algo que no he comentado tantas veces es la suerte simplemente por vivir y más concretamente por vivir "de una pieza". Hace poco mientras me agachaba ligeramente cerca de un alambre "colgandero", tuve lo que podría definir como la mayor suerte de los últimos tiempos, por encima incluso el nuevo (ya no tanto) trabajo, que ya es. Mientras me agachaba tuve la mala suerte de que el alambre, acompasó su balanceo con el movimiento de mi ojo y dio en este durante el movimiento descendiente de la cabeza, con la mala suerte de que se me quedó metido entre el ojo y el párpado y la grandísima suerte de que solo hizo eso.

Como si me hubieran congelado, me quedé quieto pensando que un ojo era mucho más duro de lo que parecía pero que por otro lado un movimiento brusco podía ocasionar que el alambre me rasgara el párpado. Entre uno y otro pensamiento llegaron a mí y me consiguieron sacar el alambre del ojo. Por la noche unas cuantas legañas/lagañas consecuencia del trabajo a destajo del sistema inmunitario intentando expulsar todo aquello que no debe estar allí. Nuestro cuerpo es simplemente maravilloso ...

Pero eso me hizo recordar otras situaciones en las que mi integridad física, cuando no mi vida, ha estado en peligro. Una que recuerdo fue un frenazo de una furgoneta cuando yo cruzaba por una calle sin darme cuenta de que venía un coche. A esa hay que añadirle otro par de similar factura.

¿Qué más?. Pues siendo pequeño se me ocurrió meter una bombilla de las de los trabajos escolares en el enchufe de la luz ... diría que jamás volvería a hacerlo pero no es del todo cierto pues enchufé un cargador de pilas americano en una habitación de hotel inglesa. En mi descargo hay que decir que antes de hacerlo pregunté en recepción pues creo que había visto un signo dudoso y como aquel era un hotel turístico, no me pareció descartable que lo tuvieran así preparado. El de recepción se equivocó ... y a mí me lo recordarán de por vida :-D.

¿Alguna más?. A ver, coches, electricidad ... peligros de este tiempo y este espacio. No recuerdo ninguno más propio de los tiempos modernos y sí recuerdo alguno propios de cualquier tiempo, andar cansado por una montaña. En este caso no sabría definir el peligro pues el miedo siempre me ha hecho bajar con una gran precaución pero sí que es verdad que la sensación que tenía mientras subía cruzando por restos de nieve muy resbaladizos no era muy reconfortante independientemente de que el riesgo fuera mayor o menor.

Otro peligro atemporal, "jugar" con los cuchillos. En este caso no estaba jugando sino cortando un queso curado especialmente duro y el cuchillo, de factura sólida, se quebró bajo la presión de mis manos derecha e izquierda sin llegar a tocar la izquierda (la derecha estaba en el mango).

¿Fuego en la cocina o fuera de ella?. Ahora mismo no recuerdo nada.
¿Algún animal encabritado sea de la especie que sea?. Tampoco.

¿Coches mientras conducía yo o conducía alguna otra persona?. Recuerdo alguna circunstancia de miedo pero de peligro peligro no tanto. Afortunadamente nunca he tenido ningún accidente.

Y creo que esto es todo. Quizás no sea mucho pero suficiente como para dar las gracias de estar sano y salvo.

Un saludo, Domingo.

sábado, 25 de mayo de 2013

R E S P E C T

La entrada de hoy se titula como esa canción que tantas veces ha cantado Aretha Franklin (en youtube se pueden encontrar versiones suyas de casi cada década desde los 60 hasta ahora). Yo me quedaré con esta versión que me ha recordado aquella misa Gospel a la que asistí estando en Chicago, el año que viene hará 10 años. Y aquí la letra y una posible traducción.

Y todo esto por ... pues no por la letra de la canción, canción que no tengo claro si sigue siendo teniendo la misma vigencia que en los 60 aunque es posible que sí la tenga, con matices, pero la tenga. Pero no voy a meterme a consultor sentimental sino que simplemente quiero hablar del respeto a secas. Sí, eso que quiero pensar que nuestros padres más que menos tenían y que nosotros, menos que más, también tenemos.

En particular, en la última comunión que estuve sentí vergüenza ajena. Siempre he dicho que si yo fuera sacerdote, no sería de esos que piden a los padres que saquen a los bebés que lloran (los niños de 7 años que lloran podría ser otra cosa) porque los pobres no tienen conciencia ni culpa de nada. Pero en la ceremonia del otro día, no sé si habría bebés pero de haberlos eran los que menos ruido hacían, seguidos de cerca por los niños de 7 años. Los que hacíamos ruido éramos los mayores.

Vale que la acústica de nuestras iglesias (de cualquier lugar no específicamente acondicionado en general y las iglesias en particular) es horrorosa. Pero precisamente por eso deberíamos tener más consideración. Vergüenza ajena he pasado muchas veces por ese motivo pero, esta vez, posiblemente la que más.

Como muestra baste decir que, en un momento dado de la ceremonia, una de las niñas que hacía la comunión debía cantar. Pues bien, ni siquiera en ese momento la gente se calló. Ciertamente algunos lo hicieron y el nivel de ruido descendió algo pero seguía siendo muy complicado escuchar la maravillosa voz de la niña (otra cosa es si eso es solo por las ganas de lucimiento personal de los padre, pero ese tema lo dejaremos para otro momento).

Esa falta de respeto es lo que en mi antiguo trabajo denominarían una "causa común". No se le puede achacar a una única persona. El origen de la falta de respeto se encontraba oculto, densamente diseminado (si es que ello es posible) y a la vez profundamente enraizado en muchos de los que estábamos allí, empezando por mí mismo que estuve hablando con familiares al llegar, aunque sabía que la ceremonia había dado comienzo. Eso sí, tras el saludo, al darme cuenta de la situación guardé un silencio sepulcral con el fin de no convertirme en cómplice de aquello.

Este es el tipo de cosas que solo podrían cambiar con la educación y precisamente por este motivo es por el que no creo que vayan a cambiar pronto. La disección de nuestra educación y la de nuestros hijos también la dejamos para otro día.

Por otro lado, el jueves pasado en el partido de fútbol volvió a tener lugar un espectáculo no menos desagradable por repetitivo. Uno de los que con nosotros juegan tiene, digamos que serios problemas de esputos y la costumbre de dejarlos sobre el terreno de juego. Esta vez los problemas de esputo se vieron agravados con problemas estomacales.

Yo, sabiendo como es y viendo la situación no dije nada pero hubo gente que sí y él se revolvió aunque la cosa no pasó de ahí. Queda la duda de saber cuál es la mejor actitud, la del que en buena ley reprende a sabiendas de que para nada sirve o la mía, quizás más pragmática pero posiblemente también más cuestionable. La respuesta a esa pregunta no la tengo así que mejor me lo apunto y, cuando lo tenga más claro, la escribo. ¿Tercera cosa que dejamos para otro momento? :-O. Bueno, esta, al contrario que las otras, sí que es más probable que la trate.

Un saludo, Domingo.

lunes, 13 de mayo de 2013

Hoy va de ciencia

Todo Conocimiento proviene del Sentimiento ... es la traducción libre de la frase que he leído hoy en la camiseta de un compañero de trabajo. Parece ser que, efectivamente, es una frase que se le atribuye. Nada más terminar la reunión le he dicho que no estaba de acuerdo con la frase y él, en cierto modo lógicamente, me ha dicho que no sabía lo que ponía (probablemente ni le interesara) que simplemente la vio en un viaje a Italia, le gustó y ahora la camiseta está en España, culminando así un viaje que bien pudiera empezar en, digamos, Pakistán.

No me preguntaron por qué no estaba de acuerdo con la frase y yo no lo respondí pero lo respondo ahora. Yo hubiera cambiado la frase. ¿Cómo?. Pues la verdad es que dudaría entre matizar su significado o bien cambiarlo radicalmente. La primera opción pasaría por algo así como: Todo Conocimiento proviene del Sentimiento y el Experimento. La segunda opción implicaría quitar la parte sensiblera de la anterior. No sé cuál de las dos es más cierta, a decir verdad. Mi formación científica me dice que es la segunda. Sin embargo, las corazonadas existen y la razón tiene razones inconscientes que la consciente no entiende. Si entendemos eso parcialmente como sentimiento, quizás pudiera valer solo con la matización. Bien, punto primero listo. Pasemos al segundo.

El segundo tiene que ver con la muerte de dos personas, una conocida y otra no, al menos que yo sepa. El último en el tiempo no es otro sino Constantino Romero, fallecido ayer. Como a mucha gente, me entristeció mucho la noticia. No sé por qué pero aparentaba ser muy buena persona ... a pesar de anunciar colchones :-). Debió ser poco antes de jubilarse cuando salió en un programa de Canal Sur junto con un técnico, de sonido quizás. En su momento, el técnico le pidió ayuda para una pequeña gran jugada. En concreto, su hijo, el típico crío que adora ver El Rey León una y otra vez, tenía problemas para comer y al padre no se le ocurrió otra cosa que pedir al bueno de Constantino que doblara una escena de la película con algo así como ... "Dani, tienes que ser bueno y comértelo todo". Luego el padre empaquetó todo, grabó su DVD y para casa. La cara del niño debió ser para no perdérsela. Ya ignoro si Romero lo hizo de mejor o peor gana pero el simple hecho de que el compañero se decidiera a pedírselo me hace decantarme por lo primero.

La segunda muerte, la primera en el tiempo, tuvo lugar el viernes pasado. Por razones que no vienen al caso acababa de llegar a urgencias cuando, un par de minutos después, llegó una pareja y aparcó en la puerta. Cogieron una silla de ruedas e ingresaron a un hombre mayor, sí, pero de relativamente buen aspecto y rondando quizás, los setenta. Lo único que llamaba más la atención era un ruido característico y repetitivo que hacía con la garganta, ruido muy parecido a otro que hace mi abuela. En cambio, habló un par de veces de forma aparentemente coherente. Así que no tenía ni idea de lo que podía sucederle.

Lo que fuera, bueno desde luego no era porque lo ingresaron de inmediato dándole un trato preferencial de esos que hacen dudar pero que yo, en la duda, prefiero achacar a una situación de real necesidad más que el favoritismo por alguien a quien conoces. La pareja que lo trajo deambuló un tiempo por recepción, a pesar de tener el coche justo en la puerta de urgencias (otra pista de que lo que fuera era más serio de lo que parecía) hasta que finalmente acabó por marcharse. Llegaron un rato después, ya a pie, y estuvieron esperando.

En un momento dado, preguntaron a la persona de recepción si podían saber algo más de este hombre pues su familia era de Canarias y debían llamar para decirles lo que fuera. El chico de la entrada les dijo que esperaran, entró y salió al minuto diciéndoles que el médico hablaría con ellos. Poco después entraron a la consulta y salieron al momento llorando. "Ya ha muerto", le dijo la mujer al celador entre sollozos y se fue a llamar por teléfono. Poco después los llamarían de nuevo para recoger sus pertenencias. Por otro lado, escuché al celador hablar con el vigilante diciéndole que los conocía, que eran vecinos del fallecido y se ve que se lo habrían encontrado con algún tipo de ataque que no pudo superar.

Y es que la vida es así. En un momento estás perfectamente y al segundo siguiente no. Es más, con suerte, al par de horas ya ni estás. Y digo con suerte porque puede ser que te debatas entre el mundo animal y vegetal durante mucho, mucho tiempo. Eso sí que es una lástima ... una lástima que no se escoge. Ignoro los detalles de la enfermedad neurológica que padecía Constantino Romero aunque, extraño en mí, sí que he intentado saber algo más al respecto. No sé si es morbo o qué porque hay otros muchos casos en los que mi interés es más bien tirando a negativo. Como digo, ignoro los detalles pero espero que haya sido algo de aparición reciente y ni él ni su familia hayan sufrido mucho.

Pero como decía en la entrada, esto va de ciencia. Y va de ciencia porque al igual que la muerte de otras personas te hace pensar en la muerte en general y ello te enseña una gran lección de humildad, hay otra cosa que también proporciona humildad a espuertas: la ciencia y más concretamente la astronomía. El hecho de plantearte que no somos (el planeta Tierra al completo) sino una mota de polvo, ni siquiera eso, comparados con las exuberantes dimensiones (en espacio y en tiempo) de estrellas, galaxias o no digamos ya el universo, es de las cosas situadas en mejor posición para bajar los humos de todo aquel que se crea algo.

Hace uno o dos días también leía que "El hombre es una especie en peligro de extinción ... todas las especies lo están". Y volvía pensar en lo mismo. Ciertamente, la vida del sol es limitada y, con ella, la de la Tierra. En el hipotético caso de que el género humano (o algún derivado) siga vivo para entonces, no quedará otra que intentar colonizar otro planeta donde se den circunstancias favorables para ello. Cuando ello ocurra, si ocurre, no estaremos nosotros, ni nuestros hijos, ni los hijos de nuestros hijos .... al igual que, evidentemente, nuestros tatarabuelos y sus antepasados. Otra frase decía que, del hecho de que nuestra probabilidad de morir sea el 100%, debe consolarnos otro hecho, que la probabilidad de nacer (como somos, con exactamente esa combinación genética/ambiental que nos hace únicos) es infinitesimal (y algunos ni eso). Y es que la ciencia tiene eso, igual que te enseña humildad, te da razones para el optimismo. Quizás el hombre sea consciente alguna vez de las cosas que son importantes en la vida. Yo no pierdo la esperanza, aunque, al igual que la de nacer como somos, sea infinitesimal.

Un saludo, Domingo.